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La historia de las sufragistas británicas: de la desobediencia civil a la victoria electoral

La historia de las sufragistas británicas: de la desobediencia civil a la victoria electoral

La historia de las sufragistas británicas: de la desobediencia civil a la victoria electoral

La lucha por el derecho al voto de las mujeres en Gran Bretaña fue una de las más largas y difíciles de todo el movimiento sufragista mundial. La victoria no llegó hasta 1918, con la aprobación de la Reforma del Parlamento que permitió que algunas mujeres mayores de 30 años pudieran votar. Fue un logro importante, pero todavía quedaba mucho por hacer para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres.

Este artículo se centrará en la historia de las sufragistas británicas, desde su nacimiento como movimiento organizado en la segunda mitad del siglo XIX hasta su victoria electoral en 1918. Se trata de un recorrido largo y lleno de obstáculos, pero que finalmente tuvo un final feliz gracias a la tenacidad y el compromiso de mujeres que lucharon por sus derechos y por un futuro mejor para todas.

La lucha por el derecho al voto de las mujeres comenzó en Gran Bretaña en la década de 1860, cuando un pequeño grupo de mujeres comenzó a peticionar para que se les concediera el derecho al voto en igualdad de condiciones que los hombres. Sin embargo, en aquel momento la idea de las mujeres votando era considerada una aberración y una amenaza a la estabilidad social y política.

Fue a finales de la década de 1880 cuando el movimiento sufragista comenzó a organizarse de manera más efectiva. El grupo más importante fue la National Union of Women’s Suffrage Societies (NUWSS), liderada por la sufragista Millicent Fawcett. La NUWSS abogó por reformas pacíficas y gradualistas para lograr el derecho al voto, y consiguió reunir un gran número de seguidores, tanto hombres como mujeres.

Sin embargo, la estrategia pacífica de la NUWSS no convenció a todas las sufragistas británicas. Otras, más radicales, comenzaron a practicar la desobediencia civil y a llevar a cabo actos de protesta más espectaculares para llamar la atención sobre su causa. Estas sufragistas, conocidas como las “peticionarias” (suffragettes), rompieron ventanas, causaron disturbios y realizaron huelgas de hambre para conseguir su objetivo.

La primera líder de las peticionarias fue Emmeline Pankhurst, una mujer carismática e influyente que fundó la Women’s Social and Political Union (WSPU) en 1903. La WSPU fue un grupo mucho más militante que la NUWSS, y sus miembros adoptaron la consigna “deeds not words” (hechos, no palabras) para justificar las acciones violentas que llevaron a cabo. Entre ellas, destacan la quema de edificios públicos, cortar las telegrafías, la colocación de bombas en hogares de políticos y el asesinato de un ministro.

Estas acciones fueron muy controvertidas en su momento y crearon rechazo y división dentro del movimiento sufragista, pero también lograron llamar la atención de la prensa y de la opinión pública sobre el problema. Las sufragistas se convirtieron en un tema de debate muy polémico y las autoridades comenzaron a tomar medidas más contundentes para reprimirlas.

En 1913, las peticionarias fueron arrestadas y encarceladas por sus acciones. Muchas de ellas llevaron a cabo huelgas de hambre en prisión, lo que las convirtió en mártires de la causa sufragista y aumentó la simpatía de la opinión pública hacia ellas. El gobierno, por su parte, se vio obligado a cambiar su estrategia de represión y comenzó a buscar un acuerdo para resolver el problema.

El punto de inflexión en la lucha por el derecho al voto de las mujeres en Gran Bretaña llegó con el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914. Las mujeres demostraron su capacidad para asumir nuevas responsabilidades y roles en la sociedad, lo que aumentó su influencia y autoridad. Además, muchos de los argumentos en contra del sufragio femenino parecían cada vez más obsoletos y sin sentido en un mundo en guerra.

El gobierno británico comprendió que necesitaba el apoyo de las mujeres para llevar a cabo la guerra y decidió otorgarles el derecho al voto como una forma de recompensar su contribución al esfuerzo bélico. En 1918, se aprobó la Reforma del Parlamento que permitió que algunas mujeres mayores de 30 años pudieran votar si cumplían ciertos requisitos de propiedad y educación.

Fue un importante logro, pero todavía quedaba mucho por hacer para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres. No fue hasta 1928 que se aprobó la Ley del Sufragio Universal, que otorgó el derecho al voto a todas las mujeres mayores de 21 años en igualdad de condiciones con los hombres.

La historia de las sufragistas británicas es, por lo tanto, una historia de lucha y de logros, pero también de controversia y división. Las mujeres que lucharon por sus derechos hicieron posible una sociedad más justa e igualitaria, y su legado sigue siendo una fuente de inspiración para las generaciones posteriores.

En resumen, la lucha por el derecho al voto de las mujeres en Gran Bretaña fue una lucha larga y difícil, que comenzó en la década de 1860 y culminó en 1918 con la aprobación de la Reforma del Parlamento. Las sufragistas británicas adoptaron diferentes estrategias para lograr su objetivo, desde la pacífica y gradualista de la NUWSS hasta la militante y radical de la WSPU. A pesar de las diferencias, todas ellas compartían la convicción de que las mujeres tenían derecho a participar en la vida política de su país en igualdad de condiciones con los hombres. Su lucha fue dura, pero finalmente tuvo un final feliz y su legado sigue siendo una fuente de inspiración para las mujeres de todo el mundo.